miércoles, 8 de marzo de 2017

PAISAJES INTERIORES (II)
«“Plegaria” y Otros Poemas»
Por Hilario Esteban López
                                               
PLEGARIA
                            
Señor, yo también te busco de noche
tras la enramada oscura de las horas,
cuando el canto del grillo es lúgubre
y el búho arcano vocifera,
y los ojos ajenos de estupor se embriagan.
                               
Señor,
yo te busco.
Señor,
en la estupidez vana
me curte la ponzoña de sus ojos.
                   
Yo la amé
como Eva amó el prohibido manzano,
como Adán, precipitado
en el abismo virgen de su amada,
perdió la escama sagrada
de su pupila y de su alma.
La amé con la codicia embrutecida
que arde en la llama de mi hoguera.
Fui ingenuo, fui tonto;
he sido encadenado al amarla .
                                 
Su amor fue para mí
como una brasa en mi mano,
como una espina en mi pie,
como vicio de pecado.
Entró de golpe;
fue cicuta,
fue almíbar, fue palabra,
fue verso,
fue verbo.
                                     
Señor,
no sé si en aquella hora tardía
fue génesis
y el mundo para nosotros amanecía;
florecieron salvajes los lirios,
se amalgamaron las rosas,
se detuvieron los ríos,
no se si algo en nosotros apenas moría.
                      
Pero sí sé
que es la hora del sueño,
y te busco bajo esta luz celeste
bajo el puñado de estrellas.
                            
Yo soy el que alza la voz
con la marca de Caín,
el pecador en mi frente,
en mi súbita cobardía,
he huido bajo la sombra de la noche
al ruedo de tu manto
como el asesino de Urías.
                                        
Yo soy ladrón, he matado,
he gritado donde está el traidor,
he mentido, he fornicado, he traicionado.
Yo también soy Pilato:
he lavado mis manos,
he herido al crucificado .
                          
Perdóname por haberla amado.
                      
Si he de renacer de nuevo,
si a penitencia sacrílega
ha de enfrentarse mi alma
en el afán de olvidarla,
si en el cristal de los ríos he de ahogar
la profana lascivia,
dime dónde se encuentra
el precio que mi culpa franquea.
¡Perdóname!
Tú, que eres rabí y yo pecador me llamo,
aquí estoy.
¡Que así sea!
                        
¡Señor...! Yo,
yo aún la amo.
                                  
[...]
  
                                                

 

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