lunes, 26 de diciembre de 2016

OCURRIÓ una VEZ
«12 de marzo de 1832: Nace la ópera romántica, nace una nueva manera de hacer ópera»
Por Julia Suviri Brenes*

EL BALLET DE inspiración netamente romántica surgió, como todas las manifestaciones artísticas del Romanticismo, en la primera mitad del siglo XIX, pero, en el caso de la ópera, va a ser 1832 el año en va a considerarse como punto que marque una forma nueva de hacer ópera. En efecto, justamente ese año, una bailarina llamada Marie Taglioni la va a dar a conocer a todo el público asistente al estreno de la obra “La sílfide”, presentada en la Ópera de París y dirigida por su padre Filippo Taglioni, quien realizó la coreografía.

Marie Taglioni había nacido en Estocolmo en 1804. Aprendió a bailar con su padre, el coreógrafo y bailarín italiano Filippo Taglioni (1777-1871) e hizo su debut en Viena el año de 1822. Pero Marie Taglioni iba a destacar sobre las otras bailarinas de su época diez años más tarde, justamente cuando “La Sïlfide” se estrena la Ópera de París el 12 de marzo de 1832, en la que Marie Taglioni encarna el primer papel, acompañada por Joseph Mazilier y Lisa Noblet.

Una sílfide es un espíritu femenino del aire, y Marie Taglioni captó enseguida la esencia de su personaje; su intuición artística despertó en ella la necesidad de interpretar al personaje como una criatura evanescente y etérea, un ser no sometido a la fuerza de la gravedad terrestre. Para conseguir este efecto, se empleó en la obra la técnica “en pointes” (“de puntillas”), es decir, bailar con la punta de los pies, la cual hacía parecer que las bailarinas levitaban sobre el suelo y no hacían ruido al caer tras un salto. Así se consiguió que el desplazamiento de las bailarinas produjese un efecto etéreo, sublime y misterioso.

“La sílfide” cuenta la historia de James, un joven escocés ya prometido, que se enamoró de una sílfide a la que solo él puede ver. El día de su boda, ella se apodera de la alianza de la novia y corre a esconderse en el bosque. El joven corre tras ella olvidándose de su prometida. En el bosque, James se encuentra con una vieja hechicera que le guardaba rencor porque hacía tiempo la había denunciado por un acto suyo. La vieja hechicera vio la oportunidad de vengarse y le engañó ofreciéndole un velo con el que podía atrapar a la sílfide. Cuando lo usó sobre la sílfide, James se dio cuenta de que estaba envenenado, e hizo que perdiera sus alas y la vida. Finalmente, la antigua novia de James se acaba casando con otro hombre.

A partir de esa fecha empezó a considerarse que Marie Taglioni había creado un nuevo estilo, una nueva forma de hacer ópera, caracterizada por la necesidad de expresar la ausencia de gravedad en los movimientos de los bailarines, popularizando la técnica “en pointes”, los saltos flotantes y posturas balanceadas como el arabesque (posición con la pierna de trabajo a la altivez, formando un ángulo de 90°, 45º o 180º con la pierna de apoyo).

Marie Taglioni también fue pionera en el famoso “pas de quatre”, término francés que significa “paso de cuatro”. Consiste en una demostración de técnica y arte en el que cuatro bailarines se cogen de las manos sin soltarse en ningún momento.

Para la obra “La sílfide”, las bailarinas llevaban unos vestidos blancos con faldas diáfanas, que con el tiempo se convertirían en el famoso tutú blanco utilizado por la mayoría de las bailarinas del ballet clásico. En aquel entonces no existían las zapatillas actuales reforzadas por la parte de los dedos para que las bailarinas se hagan el mínimo daño en los pies, sino que Marie Taglioni tuvo que bailar con unas zapatillas de raso, es decir, prácticamente sobre los pies desnudos.

Marie Taglioni se retiró de la danza en 1847 a los 43 años y murió en 1884 en Marsella a los 80 años.

Para concluir, una curiosa anécdota histórica: Hasta el año 2004, se creía que la tumba de Marie Taglioni se encontraba en el Cementerio de Montmartre en París, pero una revista de danza titulada “The Dance Insider” destapó, gracias a los estudios e investigaciones de la propia revista, que, a pesar de aparecer su nombre sobre la lápida, la famosa bailarina no estaba enterrada ahí, ya que Marie Taglioni era también el nombre de la madre. Hasta entonces, los bailarines y amantes del arte del ballet le rendían homenaje a Marie Taglioni llevándole sus puntas de ballet a la que pensaban que era su tumba, una tradición que se repetía cada año en el aniversario de su muerte.

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*JULIA SUVIRI BRENES (Puerto de la Torre, Málaga, 1996) es estudiante de 2.º de Grado en Maestro de Enseñanza Primaria en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga. © «Ocurrió una Vez» es una publicación de «GIBRALFARO», revista digital que edita el Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte de la Universidad de Málaga, en cuya redacción colaboran profesores, alumnos y amigos nuestros.



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