jueves, 3 de noviembre de 2016

«Casacas Azules»
Por Ángel Jurado Oliveros*
  
«CASACAS AZULES» ES una serie humorística de tebeos creada en 1968 para la revista «Spirou» por el guionista Raoul Cauvin, uno de los autores más prolíficos de la historieta franco-belga, para lo cual contó con la ayuda inestimable del dibujante Louis Salvérius, y en ella se narran las peripecias que acontecen a dos millitares del ejército de la Unión durante la época de la Guerra de Secesión estadounidense (1861-1865). Más allá de lo cómico de las situaciones y personajes, esta serie expone los horrores de la guerra.
  
La obra fue creada, en un principio, en forma de historietas cortas, y pasó rápidamente a formato de 44 páginas. En 1972 murió el dibujante Louis Salvérius, y le sustituyó Willy Lambil, también dibujante. Salvérius era un dibujante mucho más esquemático, que dibujaba los personajes achaparrados y con la nariz gruesa frente al más detallista y cuidadoso Lambil, capaz de dotar de mayor dinamismo y expresividad a los personajes. En octubre de 2012, con 56 álbumes, este cómic llegó a ser uno de los más populares de la editorial franco-belga. «Casacas Azules» hace alusión al nombre dado por los indios a las tropas del cuerpo de Caballería de Estados Unidos, encargadas por el gobierno de mantener el orden en el Salvaje Oeste.
  
Las aventuras de la serie comienzan en Fort Bow; más tarde, pasan a escenarios del Este y de la Guerra Civil. En el cómic aparecen personajes como el sargento Chesterfield, del 22 Regimiento de Caballería, un soldado tan valiente como bobalicón, que, antes de alistarse, era carnicero y se iba a casar con la hija de su jefe, el pragmático y astuto cabo Blutch, del mismo regimiento, el cual desempeñó todo tipo de trabajos antes de alistarse: buscador de oro, estibador, peluquero, limpiabotas… Este personaje siempre está dispuesto a solucionar los berenjenales en los que se mete junto a su superior. Ambos personajes llevarán a cabo todo tipo de misiones durante la contienda civil.
   
Además de estos dos, desfilan también por las viñetas de la colección otros personakes, como el capitán Ambrosio Stark, el general Alexander, Amélie Appeltown (el gran amor Chesterfield); el padre de esta, el coronel Appeltown; el capitán de Estado Mayor, Stephen Stillman, y otros muchos más.
  
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*ÁNGEL JURADO OLIVEROS (Málaga,  1992) estudia 2.º curso de Grado en Maestro de Educación Primaria en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga



3 comentarios:

  1. Los cómics han sido para mí siempre un grato recuerdo de cómo me inicié en la lectura. Yo empecé a leer Mortadelo y Filemón, de F.Ibañez, en mi niñez. Al principio sólo me fijaba en los dibujos de las viñetas, pero poco a poco empecé a leer los bocadillos, y empecé a comprender mejor las historias y el humor que contenían. Eran muchos los detalles que por aquel entonces no comprendía,como alusiones políticas o crítica social (o el hecho de que los chinos fueran amarillos, por ejemplo), pero iban imprimiendose en mi mente esquemas y visiones de la realidad que me ayudaron a conocer el mundo en el que vivo.
    No he tenido la oportunidad de leer ningún ejemplar de Casacas Azules, pero estoy seguro de que, entre las aventuras y el humor, siempre aprenderá el lector algo de la Guerra de Secesión estadounidense, algo que quedará grabado en su memoria para siempre.

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  2. Para mi gusto, no es la mejor serie de dibujos de humor (que no es tanto el humor), pero puedo garantizarte que está muy bien dibujada, y su guion es muy aceptable. Saludos.

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  3. La lectura me apasiona, y me parece que es la mejor oportunidad para reflexionar y evadirnos de todo lo que nos rodea. No obstante,los cómics nunca han sido uno de mis estilos predilectos.
    He tenido la suerte de tener entre mis manos cómics de Mortadelo y Filemon pertenecientes a mi padre, que servían para admirar los dibujos, más que el significado, como bien refleja mi compañero Agustín. También cómics de Asterix y Obelix, en los que pude leer algo más, y después, ver la película para comprender mejor la historia. Pero los cómics que realmente me gustaban eran los de Star Wars. Estos últimos son más recientes, y si que fui capaz de entender y disfrutar su lectura, pues la ciencia ficción es algo que me apasiona.

    El contenido "cifrado" que poseen todos los cómics (crítica social y política, creencias religiosas, etc.) nunca he sido capaz de entenderlo y saber verlo, más allá de lo que las historias relatan objetivamente.

    Aunque en mi caso, el cómic no haya sido el estilo que más he elegido durante mi infancia, forma parte de mi pasado como lector.

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