miércoles, 16 de noviembre de 2016

«“El pozo”y otros relatos»
Por Andrea Felipe Morales

EL POZO
Una mañana de invierno, una gota de lluvia cayó tímidamente sobre el brocal de un pozo. Se posó en él con tanta dulzura que casi no pudo sentirla, apenas fue capaz de distinguirla de otras gotas de lluvia que habían caído sobre él tantos otros inviernos. No percibió que la gota buscaba un lugar donde quedarse, un recoveco apacible para cobijarse de las nubes que la habían precipitado. El pozo no lo supo entonces, pero no tardaría en darse cuenta. Llegó temblando la primavera, nacieron las primeras flores, perfumadas y engalanadas con mariposas de mil matices. Cuando se secaron la tierra que rodeaba al pozo y las ramas de los árboles que le daban sombra, la gota de lluvia permaneció inmóvil, paciente, en el perfecto hueco de piedra que le proporcionaba refugio. El pozo comenzó a sentir su presencia, su frescura le daba alegría, le tranquilizaba sentirla a su lado, notar su esencia, saberse necesitado por ella. Su transparencia le parecía tan hermosa que no podía dejar de observarla, callado. Su espíritu le inquietaba y le daba sosiego al mismo tiempo. Cuando llegó el caluroso verano, el pozo temió perderla. Le rogó al sol que no la tocase. Le pidió a los árboles que le dieran sombra y al viento que jamás se la arrebatase. Lo suplicó con tanta fuerza que su canto de amor y tristeza conmovió a la gota de lluvia. La gota, sin dudarlo un instante, saltó al interior del pozo, renunciando a la luz, al aire, a la vida, por temor a desampararle.
[...]




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