jueves, 2 de junio de 2016



RUEDA de ESPEJOS
«Mariano José de Larra»
Por Rocío Peláez Montañez*
    
MARIANO JOSÉ DE Larra nace el 24 de marzo de 1809 en Madrid, cerca de la antigua Casa de la Moneda, en la que trabajaba su abuelo. Fueron sus padres Mariano de Larra y Lancelot y María de los Dolores Sánchez de Castro, su segunda esposa. Su padre era un médico liberal que pasó un tiempo exiliado en Francia por razones políticas, lo que explica que el joven Larra pasase buena parte de su niñez fuera de España, hasta que, en 1818, su familia pudo regresar al territorio patrio.
  
Ya en España, la familia Larra-Sánchez se establece nuevamente en Madrid, donde el padre es contratado como médico personal del infante Don Francisco de Paula, hermano de Fernando VII. Esto supuso que los Larra hubiesen de fijar su residencia en diferentes ciudades de España, según las diferentes estancias del hermano del rey.
  
El joven Larra continúa en Madrid los estudios iniciados en Francia. En 1824 se traslada a Valladolid para estudiar en la Universidad. En este primer año no se presentó a ningún examen. Se desconocen las causas que le llevaron a la no presencia en los exámenes, aunque se apunta que hubo de ocurrirle algún acontecimiento raro que, además, influyó de manera significativa en su forma de comportarse. Así, concluido el curso en 1825, abandona los estudios por completo y regresa a Madrid, para volver de nuevo a Valladolid ese mismo año con la intención de presentarse a todos los exámenes, que Larra aprueba sin gran dificultad.
    
En 1827 se incorpora en los Voluntarios Realistas, cuerpo paramilitar. Más tarde, comienza a componer poesía, especialmente odas y sátiras, aunque en lo que realmente va a brillar esta joven promesa del periodismo va a ser en el periodismo satírico. Con diecinueve años, en 1928, Larra comienza a publicar “El duende satírico del día”, un folleto de aparición mensual. Por esta época, Larra es ya  periodista que critica la situación social y política actual. Mientras tanto, comienza a participar en una tertulia, “El Parnasillo”, que tenía lugar en un café de la calle del Príncipe de Madrid. Aquella tertulia y sus folletines lo encumbraron como escritor satírico.
  
El 13 de agosto de 1829, Larra contrae matrimonio con Josefa Wetoret Velasco, un equivocado matrimonio sin amor que, lógicamente, acaba a unos años más tarde con una separación poco amistosa; sin embargo, este enlace trajo consigo tres hijos. En 1830, Larra deja el periodismo para dedicarse la realización de piezas francesas para el empresario teatral Juan Grimaldi y así ganarse la vida.
  
Tres años más tarde, en 1832, vuelve al periodismo crítico. Sus artículos en este género le permiten empezar a colaborar en “La Revista Española”. Es en este periódico, bajo el seudónimo de “Fígaro”, donde Larra va a convertirse en uno de los grandes escritores de la primera mitad del siglo XIX. En él escribiría los artículos de crítica literaria y política que lo han hecho famoso. Su primera novela, “El doncel Don Enrique el Doliente”, aparece en 1834. Esta obra es un reflejo de su vida. En ella, Larra narra la vida del trovador gallego Macías “el Enamorado” y de sus múltiples amores adúlteros. Aquel año se separa de su mujer, que se hallaba embarazada.
  
Pero el destino le da la espalda al controvertido autor y Dolores Armijo, la mujer casada de la que Larra se había enamorado y con la que mantenía una relación sentimental, le abandonó a él. Larra decidió entonces abandonar España. Se traslada a Lisboa y de allí a Londres y París. En 1835, estando en París, se empiezan a divulgar recopilaciones de sus artículos.
  
El abandono de su amante Dolores marcó el principio desastroso final que el destino tenía reservado a este autor, cuya pasión amorosa por ella había degenerado en delirio. Regresa a España y colabora en “El Español”. Crítico con la política de Juan Álvarez de Mendizábal, decidió presentarse por el partido moderado. En 1836 es elegido diputado por Ávila, pero le impide tomar posesión de su escaño el  motín de La Granja de San Ildefonso (o motín de los sargentos de La Granja), que tuvo lugar entre el 12 y el 13 de agosto de 1836, cuando un grupo de sargentos de la guarnición y de la Guardia Real del palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia), donde se encontraba María Cristina con su hija Isabel de cinco años de edad, se subleva y obligaron a la Regente a volver a poner en vigor la Constitución de 1812 y a nombrar un Gobierno liberal progresista.

Este hecho, que él tomo como un solemne fracaso, junto con su pesimismo, sus excentricidades, sus descalabros amorosos y la situación sociopolítica española le condujeron a suicidarse en 1837, disparándose un tiro en la sien delante de un espejo, con sólo 27 años.

Larra fue un hombre muy inteligente y crítico hiriente y mordaz, dotado de un gran poder de observación y de una profunda ironía. Defendió siempre la libertad social y política y denunció hasta darse por vencido los grandes males de la vida española. Larra es romántico por su independencia, por su liberalismo militante, por su vida amorosa y atormentada y por su final trágico.


  
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*ROCÍO PELÁEZ MONTAÑEZ (Málaga, 1992) estudia 2.° de Grado en Maestro de Enseñanza Primaria en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga.

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