jueves, 19 de mayo de 2016



OCURRIÓ una VEZ
«Julio de 1909: la Semana Trágica de Barcelona»
Por Álvaro Durán Martín*

EL “TURNISMO PACÍFICO” (o alternancia en las tareas de Gobierno de los dos partidos dinásticos: el Partido Liberal y el Partido Conservador) que se había implantado en nuestro país desde la Restauración Borbónica en 1874, le había reportado a España una relativa estabilidad política hasta el punto de que llegó a considerarse un elemento fundamental para una gobernabilidad eficaz hasta bien entrado el siglo XX. En este marco político, Antonio Maura y Montaner (1853-1925), líder del Partido Conservador, asume, en 1907, la presidencia del Gobierno por designación del rey Alfonso XIII. Durante su mandato, Maura trató de ejecutar una política más representativa e incorporar nuevas fuerzas políticas que no se sentían identificadas con el sistema de la Restauración como, por ejemplo, el catalanismo conservador de la Liga Regionalista de Francesc Cambó.

El hecho más relevante que va a tener lugar durante la legislatura de Maura, evento políticamente tan trascendente que será motivo de su dimisión, son los graves acontecimientos que se desarrollaron en Barcelona en julio de 1909, sucesos íntimamente vinculados a la política expansionista que España estaba llevando a cabo en Marruecos, en un intento de mitigar los deshonrosos episodios acontecidos en el 98 y recuperar, de alguna manera, el prestigio internacional de que había gozado en épocas ya pasadas.
  
En la Conferencia de Algeciras, celebrada en esa localidad gaditana entre el 16 de enero y el 7 de abril de 1906, varias potencias coloniales europeas habían participado en el reparto de las zonas de África sobre las que ejercerían su dominio. Entre las naciones asistentes se encontraban España y Francia, correspondiéndole a España el protectorado norte del Magreb y a Francia la parte sur del mismo. Como no podía ser de otra manera, España fue el país más perjudicado en el reparto, puesto que su protectorado, el Rif, carecía casi por completo de interés económico y, además, estaba poblado por tribus beréberes rebeldes.
  
El 27 de julio de 1909, cuando los obreros españoles se encontraban construyendo en la zona montañosa del Rif el ferrocarril de Melilla, destinado a la exportación del mineral extraído, los rifeños de una zona conocida por Barranco del Lobo les atacaron y mataron a un total de 1284 hombres al mando del general Guillermo Pintos Ledesma.
  
Desde el momento mismo en que esta noticia llegó a Madrid, el presidente Maura procedió al envío de nuevas tropas reclutadas entre los reservistas de Cataluña para amedrentar a los insurrectos y restablecer la seguridad. Este alistamiento fue el detonante de una serie de incidentes que se conocerían como la Semana Trágica de Barcelona, y que tuvieron lugar entre los días 25 de julio y 1 de agosto de 1909. Durante este tiempo, se organizó una terrible revuelta social en la ciudad de Barcelona, promovida tanto por los partidos políticos como por la sociedad para responder a la impopular decisión del presidente del Gobierno.
  
Los primeros incidentes, alentados por socialistas y anarquistas, y promovidos por asociaciones populares, tuvieron lugar durante la embarcación de las tropas en el puerto de Barcelona. La huelga general que se declara comenzó el día 26 de julio y se prolongó toda una semana, a lo largo de la cual los huelguistas quemaron iglesias y conventos e incluso levantaron barricadas en las calles barcelonesas para defenderse de las fuerzas del orden público. Esta revuelta fue reprimida con firmeza por parte del Ejército, el cual acabó con la vida de 150 ciudadanos, detuvo a 1000 personas y ejecutó cinco penas de muerte, entre las que destaca la del anarquista catalán Francesc Ferrer i Guardia el 13 de octubre de 1909.
  
Las decisiones y actuaciones de Maura como presidente del Gobierno no fueron bien vistas fuera de nuestro país, y, en España, sus adversarios políticos comenzaron a pedirle al rey su dimisión por considerar tales medidas poco democráticas. Presionado por dentro y por fuera, Maura no tuvo otra opción que dimitir.
    
El Rey propone entonces para la Presidencia al gaditano Segismundo Moret y Prendergast (1833-1913), perteneciente al Partido Liberal, que no logró tampoco encontrar apoyo suficiente que respaldara su proyecto político. Tras un efímero gobierno que va desde el 22 de octubre de 1909 hasta el 9 de febrero de 1910, Moret fue sustituido por José Canalejas Méndez (1854-1912), líder del Partido Liberal, que es elegido presidente del Gobierno desde el día 9 de febrero de 1910 hasta el 12 de noviembre de 1912. Durante esta etapa, emerge una nueva tendencia política conocida como el “revisionismo político”, la cual significó el segundo intento de política regeneracionista desde el poder.
   



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*ÁLVARO DURÁN MARTÍN (Motril, Granada, 1996) es estudiante de 2.º curso del Grado en Maestro de Enseñanza Primaria en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga.

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