miércoles, 18 de mayo de 2016



CRÍTICA LITERARIA
«El paraíso de Rafael y Aitana Alberti en Punta del Este»
Por Daniel Gorosito Pérez
   
CONCLUIDA LA GUERRA Civil que tuvo lugar en España, el escritor Rafael Alberti (Puerto de Santa María, Cádiz, 1902; ibídem, 1999) tuvo que exiliarse. El periodo de tiempo que va de 1940 a 1963 lo pasó en su obligado retiro de Uruguay y Argentina, en donde disfrutó una casa, durante 20 años, en Punta del Este, República Oriental de Uruguay, sitio que, como él mismo definió, fue «El hogar en el exilio».
  
          En uno de sus poemarios, titulado justamente Poemas de Punta del Este (1945-56), está presente la obsesión por la patria y sus amarguras de exiliado. Mario Benedetti, uno de los grandes escritores uruguayos, manifestó una vez, en relación con el poeta gaditano, que Alberti «Tenía la poesía en el alma. Ha sido uno de los grandes poetas españoles, no sólo por la calidad de su obra sino por la capacidad que demostró, para llegar al pueblo, a los lectores».
  
          Una vez muerto el dictador Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975, el poeta volvió a su tierra natal en 1977, ya transformado en un ícono del exilio español republicano. En sólo una frase nos pintó su grandeza humana: «Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta».
  
          La escritora uruguaya residente en España, Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), fue galardonada con el Premio Internacional de Poesía “Rafael Alberti”, en 2002, con la obra titulada Estado de Exilio. En la misma, Peri Rossi establecía un paralelismo entre su vida y la del poeta español, dada su condición de exiliados, y rememoró cómo Alberti pasó parte de su exilio en Uruguay, en la “Península dorada” de Punta del Este.
  
          Diez años después, en 2012, Peri Rossi brindará una conferencia en Sevilla como parte de los festejos que se organizaron con motivo del centenario del nacimiento del escritor gaditano (Marinero en verso. Cien años de travesía).
  
          En la misma dijo que, en Uruguay, Alberti encontró la solidaridad de todo aquel pueblo hermano, y que compró un chalé, al que llamó “La Gallarda”, donde vivió una etapa relativamente gozosa, ya que fue un periodo de contacto con los artistas e intelectuales uruguayos, que le recibieron como un hermano, porque el Gobierno uruguayo había tomado posición belicosa durante la guerra de España, alineándose al lado de la República.
  
          Para la escritora, «Alberti se reencontró en Punta del Este con el paisaje del Puerto de Santa María», donde nació y donde murió. «Muchos años después, cuando yo me exilié, la primera vez que fui al Puerto lo pude comprobar: efectivamente se parecen mucho».
  
         En una entrevista que le realizara Pedro Guerrero Ruiz a Aitana Alberti, hija de Rafael nacida en su exilio de Buenos Aires, y publicada en La Habana el 21 de diciembre del 2001, dijo: «En 1944 descubrimos un paraíso en la otra orilla del río. Punta del Este y la casa que allí diseñó para nosotros el gran arquitecto catalán Antoni Bonet, las playas sin fin, los pinares solitarios y “La Gallarda” eran todo lo que una niña de temperamento retraído y novelesco podría desear.
  
          En 1997, después de casi cuarenta años de ausencia, regresé a Punta del Este. Y allí estaba “La Gallarda”, perfecta en su blancura, como si jamás la hubiésemos abandonado en manos extrañas en el remotísimo 1953. Y me enteré que desde entonces jamás ha cambiado de dueño, manteniéndose así gracias a la sensibilidad del abogado montevideano que nos la compró entonces.
  
Si el Puerto de Santa María, simbolizado en su arboleda perdida, fue el paraíso de Rafael Alberti, también “La Gallarda” y Punta del Este lo fueron y el paraíso perdido de Aitana Alberti». Y en un pequeño libro, Poemas de Punta del Este, Rafael atrapó el aroma imborrable de los veranos transcurridos en “La Gallarda”.
  
[...]


  
    
© De la imagen: Centro Riojano de Uruguay (Montevideo).

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