jueves, 17 de diciembre de 2015

La AVENTURA de LEER
«100 años de transformación»
Por Sofía Belén Lacasa Pintos*

EL PASADO OCTUBRE fue el aniversario de la publicación de la obra más famosa del escritor checo Franz Kafka. Publicada en alemán, en 1915, con el título de “Die Verwandlung”, se trata, como ya habréis adivinado muchos de vosotros, de la obra «La metamorfosis», que cumplió ese mismo mes su primer centenario. Resulta curioso el hecho de que a pesar de que Kafka es el autor checo más conocido del siglo XX, el aniversario de su obra más famosa ha tenido poco eco en la República Checa, donde, la verdad, el escritor nunca ha sido muy popular.
  
        Kafka sólo tardó 21 días en escribir su obra, hecho que ocurrió a finales de 1912, pero no fue hasta octubre de 2015 cuando “La Metamorfosis” ve la luz, cuando fue publicada por primera vez en la revista «Die Weissen Blatter». Luego apareció como libro. Fue una de las pocas obras que publicó en vida.
  
        Franz Kafka era una persona enigmática, compleja, extraña, introvertida, solitaria… Era una persona que tenía muy mala salud, una pésima relación con su padre y tenía una visión del mundo muy peculiar. Para comprender su obra, debemos conocer su visión del mundo.
  
        Kafka veía el mundo como un mundo ininteligible, laberíntico, absurdo, limitado… Consideraba que el mundo no se entendía, que era extraño y pesadillezco, que los hombres eran como títeres que buscaban su propia salvación y supervivencia pero que siempre se encontraba con obstáculos, a veces puestos por ellos mismos, todo ello provoca una búsqueda constante sin respuesta lo que le provoca al hombre angustia y opresión.
  
        Todo ello se ve reflejado en su obra y en su forma de ser, sus obras siempre han estado vinculadas a esta enigmática personalidad de Kafka. Lo vemos en su forma de escribir, introduce situaciones insólitas en medio de la realidad, se introduce mucho en el mundo de los sueños, el lector muchas veces tiene la sensación de no saber si lo que está leyendo es real o pertenece a un sueño, todo en sus obras es muy enigmático y ambiguo, sus personajes son seres tristes, empequeñecidos.
  
        En este libro, el autor relata la historia de Gregorio Samsa, un joven que se dedicaba al comercio. Tras una noche inquieta y pesadillezca, Gregor se despierta convertido en un repugnante insecto. Este hecho provoca que haya un cambio radical en su vida y en la de todos los que le rodean. Gregor era el sustento de la familia y él creía que podría seguir llevando su vida normal, pretendía seguir asistiendo al trabajo y ayudando a su familia. Primero piensa que todo es el resultado de un mal sueño, luego comienza a aceptar que se ha convertido en insecto y que tendría que aprender a manejarse con destreza en su nuevo cuerpo, finalmente pierde toda esperanza y su ánimo se opaca, sobre todo ante la reacción de su familia y decide que es mejor morir. La familia tiene que empezar a trabajar como si la desgracia le hubiera caído a ellos y no a Gregor. Al principio, era su hermana Grete quien le cuidaba, pero, al final, todos le acaban abandonando en su habitación donde él vive (en este espacio cerrado transcurre la mayoría de la historia) y acaba muriendo allí. Acto que termina siendo un alivio para la familia, un problema que se agradece por lo que se quitan de encima, ven la luz y una nueva vida.
  
        Una de las cosas más interesantes del relato es que nadie se pregunta por el porqué de las cosas, nadie se pregunta por qué Gregor se ha convertido en un insecto; lo asumen sin más…
  
        Para finalizar, otro dato muy importante es que en ningún momento se da el nombre del insecto; Kafka no quiso concretar el insecto resultante del fenómeno metamórfico, a fin de que el lector fuese sintiendo la transformación a medida que esta sucedía. Cuando el relato iba a publicarse en 1915 y supo que llevaría alguna ilustración, escribió de inmediato a los editores: «Resulta que se me ha ocurrido, dado de que Starke será realmente el ilustrador, que quizá esté en su deseo querer dibujar el mismísimo insecto. ¡Esto no, por favor! El insecto mismo no debe ser dibujado. Ni tan solo debe ser mostrado desde lejos... ».

  

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*SOFÍA BELÉN LACASA PINTOS (Buenos Aires, Argentina, 1993) estudia 2.º de Grado en Maestro de Enseñanza Primaria en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga.

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