lunes, 28 de diciembre de 2015

10/86 CRÍTICA LITERARIA (II)
«De las novelas de caballería a “El Quijote”»
Por Carmen María López López

ESTA ES LA imagen de un tiempo detenido, de un caballero que “parece” —y ahora se verá por qué sólo parece— tener en su espada las claves de la caballería, el arte de la caballería, el arte de la vida… porque, en el fondo, es un personaje con la mirada perdida, que no sabemos muy bien por qué nos transmite un sentimiento de desasosiego, una sensación de vacío moral, de crisis espiritual, de desatino místico…
        Nos interrogamos a propósito del cuadro porque la pintura también es poesía, también es literatura. La pintura es poesía muda, una poesía que, aunque en silencio, nos pide a gritos que la escuchemos, que la interpretemos, que le demos un sentido y no la dejemos morir en las paredes de un museo adonde va mucha gente por plena voluntad para dejarla pasar, para no entenderla, para no interpretarla… para no darle vida ni dotarla de sentido.
        Este caballero cobró vida en el siglo XVI, cuando el pintor Vittore Carpaccio (Venecia, c. 1465-1525/26) quiso hacernos partícipes de la situación en que se encontraba la caballería, ya en declive en aquel tiempo. No hay más que recordar que por esa época ya estaban circulando el Quijote de Cervantes y su crítica mordaz y paródica a las novelas de caballería. Por tanto, el caballero del pintor Carpaccio puede representar la crisis de valores de la caballería, el momento de caos que estaba atravesando, su hastío, su situación de acabamiento, de aniquilamiento como género literario, y no sólo como género literario, sino como fundamento teórico y social de la gente del Medievo, que disfrutaba leyendo esas novelas de caballerías (póngase como ejemplo el mismo Amadís de Gaula, que ya nadie recuerda, que ya nadie lee, que ya nadie comprende).
[...]
                                  

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