martes, 19 de junio de 2018


Título: «Bajo las lágrimas sagradas de Nyabarongo»
Colección: Cómic europeo 
Serie: La expedición
Tomo: III (y último)
Guion: Richard Marazano 
Dibujos: Marcelo Frusin
Editorial: Diábolo Ediciones
Año de publicación: 2017
Formato: Cartoné
Número de Páginas: 54
Tamaño: 24 x 32 cm
Color: Portada y páginas interiores en color
SINOPSIS:
Recordemos que, poco después de la conquista de Egipto, un centurión romano descubre, a las orillas del Nilo, una embarcación a la deriva. A bordo se hallan las promesas de una civilización rica y poderosa, desconocida por Roma. Bajo las órdenes de Marcus Livius, una fabulosa expedición compuesta por diez legionarios se adentra en el corazón del África negra en busca de un imperio misterioso... Todo lo que se ha ido desarrollando a los dos anteriores volúmenes llega en este a una espectacular conclusión, en la que la lucha, la sangre y el deseo estarán muy presentes y harán de su desarrollo un auténtico espectáculo visual.
 
    
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sábado, 16 de junio de 2018

NARRATIVA BREVE (III)
«Ojitos de vidrio»
Por Ninfa Estela Duarte Torres
            
RECOSTADA FRENTE AL hogar, atizando el fuego de vez en cuando, había pasado la tarde entera, sumida en mil pensamientos, tratando de explicar los por qué de tantas cosas y acariciando mi propia alma para acallar los duendes que se instalaron en ella desde aquel día.
          Voy hasta la ventana cuyos vidrios se habían puesto rojizos con los últimos rayos del sol de invierno. Era julio, y triste el paisaje. No por la lluvia, ni por las nubes negras; no era por el frío que me erizaba la piel, ni siquiera por lo gris. El paisaje triste estaba en mi alma, que, con sus recuerdos, volvía en cada atardecer, y, más aún, cuando la lluvia me impedía salir.
          Embelesada, miro el paisaje seco de los árboles de julio, negros nubarrones movedizos, el ocaso lejano, la estancia en penumbra y un silencio pesado dentro del pecho. Llovía también en mi alma dolorida, mientras de mis resecos labios brotaba la misma pregunta de siempre:
          —¿Por qué, ¿Señor, por qué te lo llevaste…?
          Mi mano, inconsciente, acaricia el paño amarillo suave, ojitos de vidrio, y, de nuevo, los duendes bailándome dentro; como un leve ensueño flotando en la sala, se me nublan los ojos… De pronto, apenas un murmullo lejano… Escucho mi nombre dicho entre sollozos. ¿Fantasía tal vez o realidad?
     
[…]
    
NOTA del EDITOR
     
Un relato retrospectivo lleno de ternura. ¿Puede cobrar vida un recuerdo? El reencuentro madre-hijo a través de un juguete infantil. El tacto de la mano de una madre... ¿Tanto puede el amor maternal? Una historia que me ha emocionado como ninguna otra. Lo reconozco... La autora: ¡Ninfa Estela...! ¡No podía ser otra...!

     
     
  
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viernes, 1 de junio de 2018


NARRATIVA BREVE (II)
«Elena»
Por Luis Antonio Ródenas

AL CERRAR LA PUERTA DEL coche, elevé la mirada hacia el cielo limpio y estrellado de noviembre. En lugar de pensar en la magnificencia del Cosmos, en la magia de la Creación, en el milagroso espectáculo que los dioses, misericordiosos, nos brindaban en ciertas ocasiones, me dejaba perturbar por la llamarada que recorría mi cuerpo cada vez que pensaba en el cambio climático. Noviembre sin nieblas; noviembre sin heladas dignas de mención; noviembre sin lluvias y, por tanto, sin nubes. Ni siquiera llevaba puesto el forro polar, aunque tampoco hacía una temperatura suficientemente agradable como para estar más de treinta minutos a la intemperie solamente pertrechado de una camiseta y un jersey de lana fina. Sin mirar, pulsé el mando a distancia de mi vehículo para cerrarlo y enfilé el caminito hacia la puerta de mi casa. Introduje la llave en la cerradura, abrí y penetré en el cálido interior. El termostato marcaba 21 ºC.
—¡Hola, amor! —saludé desde el hall, elevando un poquito la voz para ser escuchado—. Ya estoy aquí.
—¡Estoy en la cocina!
Entre las paredes, las puertas abiertas y cerradas, los muebles de diseño, el ambiente un tanto aséptico y minimalista (la decoración había sido obra suya, gracias a Dios; como, gracias al demonio, ella había respetado que una de las dependencias de la amplia vivienda mantuviera mi típico e infernal desorden) sentí llegar hacia mí, serpenteando, el sonido de su voz agradable y cariñosa. Un timbre quizá agudo, dulce, neutro, sin un acento o tinte claro. Mi cuerpo se llenó de gozo y armonía, y un estremecimiento se apoderó de mi alma. Sonreí…
[...]
  
NOTA del EDITOR:
Todos los consideran un matrimonio feliz, una pareja envidiable. Ambos gozan de un trabajo estable y una buena vivienda donde llevar a cabo sus proyectos más íntimos. Ella, Elena, es una mujer alegre, vivaz e intuitiva; él, un hombre siempre atento a cualquier gesto de Elena, un hombre que ve en ella el amor de su vida. Los dos están ocupados, pero procuran dedicarse a diario el tiempo necesario para encontrarse como hombre y mujer: se besan con frecuencia, se dedican el último gesto amoroso de cada día, hacen el amor... Nada parece faltarles como pareja. Sin embargo, no existe felicidad al completo, porque nada es lo que parece...
   
 
 
   
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martes, 29 de mayo de 2018

  
  
  
  
  
 
  
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NARRATIVA BREVE (I)
«La otra orilla»
Por Enrique Arjona Compaña
     
CAÍA LA TARDE de un día de calor sofocante. La flama, que durante el día abrasaba el ambiente, se aplacaba ya con el paso de las horas, y la tarde se presentaba suave y agradable al paseo.
          La vereda hasta el río estaba bordeada, a tramos, por la reguera, donde la hierba y el té, cuyo frescor impregnaba el ambiente de un aroma agradable y mágico, crecían a ambos lados con profusión.
          Con mis abuelos, mi tía Mercedes, María Jesús y mis tíos, todos, disfrutábamos de aquel paseo diario camino del río, a esa hora del día, ya cuasi entre dos luces.
          Yo iba siempre delante, adelantándome al grupo. Impaciente por llegar, me quitaba la camisa, y hasta las sandalias, mucho antes de ver el río.
          Cuando llegaba, me zambullía en el agua, siempre dentro de los límites que mis tíos me marcaban con cuatro cañas, pinchadas en el fondo, prohibiéndome sobrepasarlas, pues cerca había un recodo y, un poco más allá, la noria.
[...]

 NOTA del EDITOR:
A la otra parte del río, la orilla... la otra orilla. Lo que podría haber más allá de la otra orilla era como una muralla que se levantaba inexpugnable entre los ojos infantiles del autor y lo hasta entonces un enigma.
  
  
  
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