miércoles, 14 de noviembre de 2018


PAISAJES INTERIORES (IV)
«Amor en cada Ocaso»
Por Ninfa Estela Duarte Torres
  
  
AMOR EN CADA OCASO
  
Día tras día mostrándose altivo
con su espléndida belleza,
pintando los verdes campos y tajyes
con su luz amarilla,
brindando alegría a los labriegos
y el jugueteo de los niños;
todo un día de arduo trabajo
para hacer que florezcan las rosas,
que broten las sementeras
y maduren las espigas.
  
Es corto el momento para el amor
y es largo el día para esperar;
                    desde su altura,
enviando miradas ardientes,
tibias caricias hacia su sitio amado.
  
Una agotadora jornada
para recorrer todo el cenit
entregando sus rayos bienhechores,
envolviendo con su halo
las semillas bajo tierra,
los nidos con polluelos,
                      y colores al arco iris…
todo un mundo de entrega generosa.
  
Nunca el cansancio frenó su labor
ni menguó el fruto por nacer;
nunca un guiño a la amada
dificultó su tarea cotidiana;
no conoce vacaciones
ni paradas por dolores,
ni descanso bajo la sombra;
día tras día mostrando su belleza
sonriéndole al río,
al pastizal sediento,
al árido desierto,
y cobijando en su corazón
un deseo ardiente de estar
junto a su amada tierra,
suya siempre, día tras día,
                       en el ocaso.
  
En ese ocaso ineludible,
el divino sol comienza el rito,
baja lentamente a besar su frente,
va poniéndose rojo
de rubores viejos,
y su cuerpo ardiente acaricia la tierra
                                    y la penetra…
es el coito inevitable,
va introduciéndose suavemente
en la amada que lo estaba esperando
con la sed de tenerlo
con el calor heredado,
y lentamente el sol la hace suya
con ternura infinita
con inmenso placer,
hasta que la tierra acepta
entregarse a sus rojas llamaradas.
  
Y queda luego satisfecha
con su latir sereno,
su atardecer deseado
pleno de frescura,
su tranquilo dormir,
exhaustos los dos
del arduo trabajo,
y satisfechos de amor,
esperando el mañana
para repetir el rito sagrado
del coito natural del universo…
                        El sol y la tierra
que, a espaldas de la luna,
se aman en cada ocaso.
       
*     *     *
ACCESO a lectura completa de la antología:
http://www.gibralfaro.uma.es/antologias/pag_2091.htm

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domingo, 4 de noviembre de 2018


PAISAJES INTERIORES (III)
«En la Oscuridad de tus Sentidos»
Por Fran del Olmo
 
     
EN LA OSCURIDAD DE TUS SENTIDOS
  
Como gótica sombra de amor eterno,
te espero bajo las gotas de lluvia negra que calan mi cuerpo.
  
Como mirada de pensamiento errante,
te espero en la corta distancia que separa nuestros cuerpos.
  
Como susurro de las olas del mar,
te espero en el dique calmado donde lloras tu melancolía.
  
Como estrepitosa tormenta de truenos,
te espero en el romántico desfiladero de tus ojos negros.
  
Como perpetua luna del alba,
te espero a los pies de tu cama, donde contemplarte puedo.
  
Como misteriosa melodía del piano,
te espero para deleitar tu morada con los acordes de la noche.
  
Como alma solitaria llena de esperanza,
te espero en los rojos y apaciguadores rincones de tu corazón.
  
Como palabras de silencioso viento,
te espero impaciente bajo el balcón de tus sueños.
      
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http://www.gibralfaro.uma.es/antologias/pag_2090.htm
  
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viernes, 2 de noviembre de 2018


PAISAJES INTERIORES (II)
«MIXTURA POÉTICA»
Por Washington Daniel Gorosito Pérez
     
  
LETRAS MISTERIOSAS
  
     Mis palabras
no son mías,
las pido prestadas.
  
Mi poesía no es audible,
encierra el misterio
de letras apagadas,
y derrota a la muerte
solo con las palabras.
   
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sábado, 27 de octubre de 2018

PAISAJES INTERIORES (I)
«Selección de Poemas (II). Continuación»
Por Francisca Sánchez Arjona
  
  
6
LA MUERTE USURPA TU MIRADA
  
Cuando la mirada última de tus ojos
caiga al caudal de un río herido,
atrapada en el dolor intenso de otra pupila,
derivará al infinito, y serán tus párpados
resignado telón tras el último acto.
Fin de la representación de una vida,
extinguidas las luces en el escenario,
del más hondo de los sentimientos.
(Presentido final; sin vítores ni aplausos).
  
Cuando las manos solo sean el lecho dormido
de imposibles caricias. Entre los dedos
vivirá ese crepuscular roce último,
fugaz cual caricia postrera, en los poros apresado,
mientras se detienen las agujas del tiempo.
Como hebras, las horas deshilachadas
se trenzan con los blancos cabellos
sobre la tierra en la que se convirtió la almohada.
  
Cuando un inquietante y negro silencio
engulla inútiles palabras de despedida,
ahogado emergerá el último de los deseos
de un corazón al que se le rompen las alas.
Desgarrado final, resonará como un eco
entre las blancas paredes de la estancia.
  
Se cernirá la noche más oscura y eterna
presentida sobre el ansia ya sosegada.
Sigilosos, huirán los sueños. Sin dejar señal,
arden en la hoguera del pasado
mientras, serena, cruzas el umbral
dejando sublimes momentos atrapados,
suspendidos de la pared ancha de la memoria,
pendiendo de los sutiles hilos
que tejen o destejen nuestra historia.
  
Cuando el otoño desnude los árboles
y la lluvia en los atardeceres llore amargas
nostalgias sobre el musgo de los tejados,
mi corazón seguirá oyendo tu voz cálida.
  
Melancólicos y helados, mis dedos
tal vez te escriban el último poema
en la humedad de los cristales.
  
En el adiós definitivo, versos se desintegran,
llora en silencio el vaho de los ventanales...
  
  
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sábado, 20 de octubre de 2018


NARRATIVA BREVE (IV)
«Siempre seré tu hija»
Por Francisco de Sales Sánchez Corrales
  
MAMÁ:
ÚLTIMAMENTE TE estoy mandando muchas de estas cartas que escribo en el pensamiento, puesto que no tengo otro medio para comunicarme contigo, ya que no hay buzón que admita otros envíos porque estás a punto de irte de este mundo, privada de la consciencia para escuchar y de los ojos de ver y de la mente de comprender.
   
     Se van a cumplir siete días desde que pensaste, como razón para excusarte ante ti misma por lo que estás haciendo, que ya habías vivido suficiente, y que tu edad te estaba acercando al momento en que serías una carga constante para mí, y, en esa bondad de madre y persona que te ha caracterizado siempre, pensaste y decidiste, sin buscar mi opinión como otras veces, que lo mejor que podías hacer por mí era morir para no amargar esta parte de mi vida.
    
     Aquella única y última conversación en la que expusiste tus pensamientos, tan bien estructurados, se me repite constantemente, y no dejan de presentarse al recuerdo ni una sola de las palabras, ni una sola de las comas, ni tu punto final.
    
     De nada sirvió que me lo tomara al principio como una especie de broma, ni que lo tachara de tontería, anda, mamá, qué tontería estás diciendo, no, hija, que te lo digo en serio, verás cómo es mejor para las dos y, al final, acabarás agradeciéndomelo, venga, mamá, hablemos en serio, ¿por qué no me tomas en serio, hija?, porque esto no es serio...
     
     Esta nueva carta que pienso ahora es distinta. Lo digo porque hace un momento acabo de tener un presentimiento, ya sabes, una de esas corazonadas que se me presentan de vez en cuando y son certeras, y me ha confirmado que ya estás en tus últimos momentos, y que en cualquier instante usarás el último latido.
     [...]
     
NOTA del EDITOR:
    
Todos sabemos el dolor que se apodera de nosotros cuando perdemos a un ser muy querido. A lo largo de la vida, muchas han sido las personas con las que nos hemos cruzado y que luego hemos visto cómo se han ido quedando atrás para perderse en la lejanía de la nada. La nada, ese espacio que supone no volver a verlo jamás. Sentimientos de dolor por el padre, por el abuelo, por el amigo... Sentimientos de dolor por... la mamá. ¡Ah, la mamá...! Yo creo que, cuando la persona que nos deja es la madre, el dolor es mayor, muchísimo mayor, porque con ella no solo se nos va quien no dio el ser; con ella se nos va también quien vela nuestro sueño por la noche, quien nos pregunta qué nos pasa cuando estamos tristes y vemos su inmensa alegría cuando estamos contentos; se nos va la esa mano tibia y suave que nos acaricia la frente para controlar la fiebre, la que nos compró la prenda de vestir que más nos gustaba; la confidente segura, la consejera más desinteresada... Con la muerte de la mamá se nos va la mitad de nuestra vida.
    
     El relato de este sábado es un relato de dolor ante los últimos momentos de una madre, un sentimiento que Francisco de Sales nos refiere con esa privilegiada capacidad de que está dotado para contar y describir los sentimientos más íntimos. A mí me ha emocionado, y... ha sido capaz de trasladarme a los dolorosos momentos en que perdí a mi madre.
    
Acceso a lectura completa:
   
   
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martes, 16 de octubre de 2018

Una información de “GIBRALFARO Noticias”,
publicación periódica de «GIBRALFARO.uma.es»,
revista digital que edita el Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte de la Universidad de Málaga.
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lunes, 15 de octubre de 2018


NARRATIVA BREVE (III)
«LAFQUENCHE: EL HOMBRE DEL LAGO»
Por Kepa Uriberri

SI YO NO HICIERA MÁS que remar todo el tiempo menos que en veces duermo, le digo bien que me hago el lago completito en una semana, con sus domingos. Pero desde que no soy na tonto, le ando dando vueltas para ir pescando justito el alimento que necesito, y así, los peces, que ya me conocen a mí y a mi dalcafote, se van distrayendo, que si no, están avisados y no pican. Por eso le doy las vueltas al lago, y pa seguir a algunos que van cambiando el sitio en lo que cambian las corrientes y los tiempos del cielo mismo. Que por mí, si no me aburriera tanto, me quedo siempre donde mismo pa el Mulhuén, que fue donde yo le nací. En vez que me hago unas diez vueltas del lago desde que deshuevan las huepilpuyes a que lo hacen de nuevo.
   
     En una de esas, que voy entrando pal lado Huillihue, donde el huinca hizo su ciudad de Villarrica, estaba echando la línea pa la pesca, así cerca de la orilla, pero, como todavía era el tiempo del apareo de los puyes, había que tener cuidado de elegir donde están los truchones más viejos, que ya no tiran, y andaba yo en ese tanteo cerquita del muelle, temprano por la mañana, y me extraña, y me digo entre mi: «¿Que hace un turista tan madrugao en la playa?». Y como es turista, y no me conoce de na, me grita de la orilla:
   
     —¿Cuánto por llevarme a dar una vuelta en su bote?
[...]
  
     
NOTA del EDITOR
   
Un huinca (criollo) y un indígena (del pueblo mapuche) entablan contacto personal con el lago Villarrica como escenario. El interés de un foráneo por la pesca (por la pesca de puyes) y la natura indígena evolucionan del desconocimiento y el recelo a una amistad cuasi fraternal. Narrado en primera persona, el autor vuelve a deleitarnos otra vez con su estilo narrativo directo, léxicamente preciso e impecable, en esta ocasión procurando la forma expresiva de los nativos araucanos. Interesante... y emotivo (todo hay que decirlo).
   
Acceso a lectura completa:
 
   
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